Resumen: En contratos de crédito y otros documentos de originación masiva es común encontrar lo que parece una firma autógrafa digitalizada pero que en realidad es la misma imagen copiada en múltiples documentos o campos. Una firma humana producida en distintos momentos siempre varía. La identidad exacta entre firmas que deberían ser distintas destruye la atribución sin necesidad de entrar al terreno criptográfico. Este artículo explica cómo identificarlo y por qué es uno de los argumentos más accesibles para cualquier juzgador.
Este artículo es parte de la serie “Firma electrónica en juicio: lo que está pasando del lado del demandado.” Si llegaste directamente aquí, el artículo introductorio te da el marco completo.
Es común encontrar contratos firmados mediante una firma autógrafa digitalizada: la persona dibuja su firma con el dedo sobre la pantalla del teléfono o con el mouse. La firma aparece en el documento. Todo luce como si hubiera sido firmado.
Lo que hemos documentado en disputas relacionadas con este tipo de firma es un patrón que compromete la atribución de una forma específica y que no requiere entrar al terreno técnico de la criptografía para ser argumentado.
Qué son y qué no son legalmente
La firma autógrafa digitalizada no es una firma electrónica en el sentido del artículo 89 del Código de Comercio. No cumple los requisitos técnicos que el Código establece para que un método de identificación sea reconocido como tal. Sí es una forma de manifestar voluntad por medios electrónicos, y como tal tiene relevancia jurídica.
Pero esa relevancia no viene acompañada de la presunción de atribución que sí existe para la firma electrónica. Quien demanda con una firma autógrafa digitalizada tiene que probar que esa firma corresponde a la persona que dice haberla puesto. No hay presunción que trabaje a su favor.
El problema de la captura única
El proceso que hemos visto operar en varias plataformas es el siguiente: al inicio de la relación, se le pide al usuario que dibuje su firma una sola vez. Esa imagen se guarda. A partir de ese momento, cada vez que se genera un documento que requiere la firma del usuario, el sistema estampa automáticamente esa misma imagen guardada.
El resultado es que múltiples documentos distintos, o múltiples campos dentro del mismo documento, muestran firmas que son copias exactas del mismo archivo de imagen.
El argumento forense: la variación natural que no existe
Aquí está el núcleo del vector.
Una firma autógrafa producida por una persona en distintos momentos nunca es idéntica a sí misma. Varía la presión, el ángulo, la velocidad del trazo, el punto de inicio, las proporciones. Son variaciones pequeñas, a veces imperceptibles a simple vista, pero están siempre presentes porque el acto de firmar es un proceso motor que el cuerpo no replica de forma exacta.
Cuando dos firmas son pixel-perfect idénticas, esa identidad exacta es evidencia de que no fueron producidas de forma independiente. Son copias de un mismo archivo.
Un perito grafoscópico puede establecer esto con los métodos propios de su disciplina. No se requiere entrar al terreno criptográfico ni a la arquitectura de la plataforma. El argumento vive en el documento mismo.
Las dos direcciones del argumento
La primera aplica cuando hay múltiples documentos. Si los documentos que se presentan en juicio muestran firmas idénticas entre sí, la persona puede reconocer haber firmado uno de ellos y negar los demás. La identidad exacta de las firmas es consistente con esa versión: firmó una vez, y esa imagen fue copiada al resto.
La segunda aplica incluso dentro de un solo documento. Muchos contratos tienen campos de firma en varias páginas o secciones. Si todas esas firmas son idénticas, la firma múltiple que debería mostrar que la persona revisó y autorizó cada sección resulta ser la misma imagen repetida. El propósito de firmar en múltiples lugares queda vaciado.
En ambos casos, lo que la evidencia muestra no es que la persona firmó múltiples veces. Es que la plataforma estampó una imagen múltiples veces. Y eso es lo opuesto de atribución.
Por qué este argumento es accesible para el juzgador
La mayoría de los vectores de esta serie requieren que el juzgador entienda conceptos técnicos: hashes, cadenas de certificación, logs de servidor. Este no.
La lógica de que una firma humana no puede ser idéntica a otra firma humana es intuitiva y no requiere conocimientos especializados. El juez puede ver las firmas, puede ver que son idénticas, y puede seguir el argumento sin necesidad de un traductor técnico. Eso hace que este vector sea especialmente efectivo en contextos donde la pericial grafoscópica es más accesible que la informática, o donde el expediente no va a tener pericial técnica en absoluto.
Lo que estamos viendo
Este patrón aparece en cualquier plataforma que captura la firma del usuario una sola vez y la reutiliza en documentos posteriores. No es exclusivo de ningún sector ni de ningún tipo de contrato. La práctica responde a una lógica de eficiencia operativa que probablemente nunca anticipó ser cuestionada en juicio. Pero el argumento que crea es directo: si todas las firmas son la misma imagen, nadie firmó esos documentos. La plataforma los estampó.
La práctica de capturar la firma una vez y reutilizarla responde a una lógica de eficiencia operativa que probablemente nunca anticipó ser cuestionada en juicio. Pero el argumento que crea es directo: si todas las firmas son la misma imagen, nadie firmó esos documentos. La plataforma los estampó.
La firma autógrafa estampada es un problema de atribución que se argumenta visualmente. El último artículo de la serie aborda otro problema de atribución, esta vez en la firma electrónica simple sustentada en OTP, correo o NIP, donde la evidencia no vive en el documento sino en los sistemas de quien demanda.


